jueves, 14 de mayo de 2015

¿QUE ES UN MÁNDALA?


Los mándalas son representaciones simbólicas del macrocosmos y del microcosmos utilizadas en las religiones budista e hinduista; su diferencia es que, mientras los mándalas budistas son figurativos, los hindúes son lineales.
Representaciones similares a éstas las podemos encontrar tanto en los pavimentos y rosetones de las iglesias góticas católicas como en diagramas de pueblos indígenas americanos.
Esta universalidad de los mándalas se extiende en el tiempo hasta principios del siglo XX en el que el psiquiatra Carl Jung los considerara expresiones del inconsciente colectivo y los utilizara como terapia para adentrarse en la individualidad del ser humano.
Los mándalas también se utilizan como técnica de relajación bien observándoles o bien coloreándoles.
Los mándalas no son simples dibujos, todos sus elementos tienen un significado:
    • Círculo: Está relacionado con el movimiento, con lo absoluto y el yo.
    • Cuadrado: Habla de estabilidad.
    • Triángulo: Es símbolo de agua y sus tres vértices representan el inconsciente,  la transformación y la agresión.
    • Rectángulo: Nos habla de estabilidad, se refiere a la vida terrenal.
    • Pentágono: Es el símbolo del cuerpo humano.
    • Hexágono: Es la unión de los contrarios.
    • Corazón: Simboliza amor, alegría, unión.
    • Cruz: Representa la unión de cielo y tierra, la vida y la muerte, el consciente y el inconsciente.
    • Estrella: Es signo de espiritualidad y de libertad.
    • Espiral: Está relacionado con la vitalidad y la búsqueda de la totalidad.
    • Laberinto: Representa la búsqueda de lo verdaderamente importante.
    • Mariposa: Hace referencia a la transformación y renovación personal.
Tenemos que tener en cuenta en cuenta que siempre que pintemos un mándala estamos entrando en contacto con las técnicas de meditación y poniendo en marcha nuestra capacidad creativa. Este trabajo nos ayuda a adentrarnos en nosotros mismos, a conocernos mejor y aceptarnos como somos, aumenta nuestra intuición, desarrolla la paciencia y la capacidad de concentración, despierta nuestros sentidos y nos ayuda a ver el mundo de otra manera y a relacionarnos mejor con las personas de nuestro entorno haciéndonos sentir mucho mejor tanto física como psíquicamente.


                                

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